Con más cuadros que la camiseta de Croacia

«Tiene más cuadros que la camiseta de Croacia», me comentó una vez un amigo en Twitter después que yo intentara crear una tendencia retando a los otros usuarios a que me dijeran a qué cuadro (club, equipo) le iban en otros países o ligas.

No hubo ni tendencia ni muchas respuestas, sino más bien preguntas confirmando si yo era hincha de Motagua o no, cosa que al final confirmé.

Pero en ese momento, se me quedó aquel comentario, tanto que hoy lo hago post.

¿No les pasa que tienen un equipo en cada lugar del mundo? Bueno, al menos en aquellos países, ligas o deportes que a uno le quedan al alcance de seguir o enamorarse. En mi caso, el fútbol fue como un primer flechazo en mi niñez, pero aunque sabía que era de Motagua no fue hasta unos años después que lo reafirmé.

Mi papá solía llevarme al estadio de Tegucigalpa para ver partidos de Liga Nacional sin importar si Olimpia o Motagua fuera local. Tengo vagos recuerdos porque tendría menos de seis años. La decisión de ser motagüense nació allí, sufriendo en los años más oscuros del club y quizá en los años de mayor brillantez de Olimpia, que a cambio de los azules que evadían el descenso constantemente, se paseaban campeones de Concacaf y jugando copas interamericanas con todo fulgor.

De algo estaba seguro, de Olimpia no era yo. Sí de Motagua pero me faltaba un porqué , una razón, un argumento más que fuera «el equipo de mi papá». Entonces aprendí a leer y con ello a comprender las clases sociales, la historia, y como Motagua era un equipo muy seguido por las clases trabajadoras de Comayagüela. Un equipo al que no le restaba más que luchar, luchar y luchar en contra de un gigante vecino.

Entonces, gracias a Nahum Salgado, el esposo de mi tía Vilma, quien me llevaba a ver a Motagua cada jornada de local, fue que entendí que era motagüense. Sufriendo, aguantando, sintiendo el sabor de la victoria desde la derrota.

Y a partir de allí, comencé a devorar periódicos (con la sección de deportes como preferida) y a identificar equipos del mundo y ligas internacionales. Leía (hablo de principios de los 90’s en Honduras, gracias a Dios habían periódicos con cables internacionales, ni hablar de internet) del Barcelona de Cruyff, y creía que era del Barcelona hasta que fui a España y comprobé que no era de este equipo sino del Atlético de Madrid. El Barça más parece una arma política y económica que un equipo de fútbol, con todo respeto.

Identidad, lucha y sentimiento

Creo que estos son tres factores que tomo en cuenta para seguir un equipo de fútbol. Pueden existir miles de equipos que ganan una copa al día, pero esos no son para mí. Soy como complicado ¿no?, defino mis equipos de fútbol de acuerdo a lo que representan para una sociedad y que se puedan combinar con pasión, salvo algunas excepciones como lo manda la regla, claro es.

Del Atlético decidí ser no solo por el Coneja Cardona, hondureño que jugó allí entre el 64 y 71, sino porque me parece un equipo que eternamente se ha jugado la lágrima, viviendo en un tercer escalón de popularidad y a la sombra del Real Madrid.

De hecho, hay un comercial que hizo el propio Atlético de Madrid en el que un hijo le pregunta al padre: «Papá, ¿por qué somos del Atleti?»

Debo decir que en 2010 yo pensaba aun que era del Barça y por el simple hecho de creer que al ser motagüense me correspondía seguirlo, claro haciendo un parangón que blanco con blanco (Real Madrid-Olimpia) y el azul con el azulgrana, pero entonces fui al Calderón, que ya no existe, en un taxi donde cambió todo.

Los restos del estadio Vicente Calderón, Madrid, España. Foto incrustada desde El País.

Salí del paseo de La Castellana junto al gran Mario Urrutia (un enorme fotógrafo hondureño) y subimos a un taxi. «Por favor, nos lleva al Vicente Calderón», le dije.

El hombre arrancó y a los pocos metros preguntó: «¿qué, venís del Bernabéu?».

Le contesté que sí, que éramos periodistas y que hacíamos unos reportajes sobre estadios e infraestructura de Madrid. En ese momento, se sacó una sonrisa y dijo: «ahora mismo los llevo a ese tinajo de mierda».

Me quedé pensando tras seguir la plática en la que confirmamos que él era hincha del Real Madrid y que no había nada más odioso para él que «montar gente del Atleti», que porque estaba harto de que cada inmigrante que se subía o se topaba, le cobrara el «oro que os habéis robado de América», mezcló temas.

Bajamos del carro (coche) unos metros antes, dizque que para hacer tomas lejanas del barrio Imperial donde estaba el recinto. Por el trayecto nos encontramos a varios radicales del Atlético que tomaban cerveza a pie de los callejones. Nada que no se vea en las cercanías de un estadio de fútbol.

Analicé entonces que, el Atleti quizá era un equipo de las minorías, de los que luchan de los que se la juegan y que ese equipo era el que yo quería seguir. Años después de ,más tragedias y descensos, el club se posicionó como uno de los mejores de Europa y explotó, con sus patrocinadores, ese sentido de lucha en partido a partido y vinculándose a la clase migrante.

Seguramente habrá muchos hinchas Atléticos que le importe un bledo lo que conté y creo que sería lo natural, pero para muchos de nosotros el ADN del club nos da un sentido de pertenencia. Por eso de «Atléticos por el mundo».

Siendo un hincha global

¿No son ustedes de los que se identifican con más de un club en el mundo? No me digan que no porque no les creería.

Con el marketing, la televisión y el internet (las apuestas) no hay quien no sea un hincha global. Es decir, aquel aficionado que está pendiente de cada club, de cada liga, de cada deporte aunque esté a miles de kilómetros de su existencia.

En mi caso, aquí es donde empiezo a llenar los cuadros de la camiseta de Croacia.

Hincha de Boca Juniors por ser del barrio, del pueblo, del inmigrante genovés. Hoy en día existe un insulto popular al hincha de Boca… «mostrame el documento», una forma de denigrar al migrante paraguayo, boliviano y de otras nacionalidades.

Hincha del Corinthians porque también es equipo del pueblo. De la clase popular del barrio del Bom Retiro en Sao Paulo y que gracias a Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira y su Democracia Corinthiana, una forma de dirigir un club para todos.

Y así, soy de Pumas UNAM en México por su vinculación con los grupos estudiantiles de la máxima casa de estudios de México. Soy de Liverpool porque gracias a Bill Shankly somos la afición de izquierda del fútbol inglés y el orgullo de «ser de la clase trabajadora».

Quizá también soy de Alajuelense, Municipal y Atlético Marte por ser parte de la vereda de en frente de las élites o simplemente de los más ganadores.

Sigo los equipos de Houston porque esta ciudad ha sido hogar para mis familiares y miles de hondureños más. O a los Springboks porque dejaron de ser un equipo de blancos para romper el Apartheid gracias a Nelson Mandela.

¿Y por qué entonces los cuadros en la camiseta de Croacia?

No puedo cerrar esta entrada sin ese dato.

Pues existen dos versiones. La primera a raíz de una partida de ajedrez que habría jugado el rey croata Stjepan Drzislav (Siglo X) en la que al parecer se juega su reino y la otra por unos escudos ajedrezados presentes en unas vasijas Sialk que pertenecieron a las primeras tribus que poblaron la actual Croacia durante la edad media.

En tanto, los colores rojo y blanco son parte de los colores nacionales de la Croacia Roja y la Croacia Blanca, las dos partes de la unión de la nación.

¿Y vos, cuántos cuadros tenés?

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