Gracias Daft Punk, caminatas en Taiwán entre la noche y su música

Hace tiempo que quería escribir sobre las cosas que viví en Taiwán, pero nunca había encontrado una chispa de inspiración para hacerlo. De pronto he hecho cientos de notas y reportajes, pero nada tan íntimo como estar allí siendo parte de ellos.

Y hoy tengo ganas de recordar mucho de las calles de Taipéi y Kaohsiung, porque durante mi estadía allí, mi acompañante 24/7 era el dúo francés, que en el aquel 2013, el dúo francés, Daft Punk, recién había lanzado el disco Ramdom Access Memories (RAM).

Sí, básicamente viví una hermosa película en Taiwán, con música de Daft Punk de fondo.

Sin conocer el idioma, pero queriendo entenderlo, las canciones del RAM te hacían vivir una modernidad que en Honduras no existen.

Caminar en la madrugada por Hengyang Road y Ximen Station mientras las luces a tu paso se van encendiendo y apagando. Casi nadie aparece a tu paso y el miedo que te asalten es inevitable, no porque lo vayan a hacer, sino porque venís del tercer mundo y es lo que usualmente ocurre.

El tipo que viene caminando solo desplegó su tablet que era teléfono celular y se puso a hablar. No me miró, no dijo hola, tampoco adiós. Yo avanzo entre la oscuridad solo, con un par de audífonos y solo con canciones de RAM, escuchando como una entrevista con Giovanni Giorgio Moroder se vuelve canción.

La música me acompaña y la ciudad es mía. Cerca de la estación Ximen, los últimos vendedores del mercado nocturno levantan sus cosas. Los McDonald’s y KFC que están en las plantas altas de los edificios de ese paseo se van quedando solos. El aire frío te invita a seguir caminando, a seguir viviendo lo que jamás había sido posible, pero que ahora es realidad.

Del Lux Cinema en el Distrito de Wanhua hasta la línea del Oeste sobre el Río Tamsui para cruzar a la New Taipéi City, el tiempo se queda corto a medida que la seguridad te va ganando.

También cuando tocó viajar entre Taipéi y Kaohsiung en el tren de alta velocidad (bala), que recorre unos 362 kilómetros entre ambas ciudades, de norte a sur, en poco más de dos horas. A su paso, te comprás un té o café, mientras por las ventanas ves como Taiwán corre a toda prisa sin que el mundo se mueva. Sin que la tierra lo evite.

Pasás por Taichung, Fenyuan en el Condado de Changhua, al igual que Yuanlin y Beidou, hasta Xiluo en el Condado de Yunlin, puerta de la ciudad de Tainan, paso previo para llegar a Kaohsiung, ciudad donde está la pagoda del Tigre y los Dragones, o el encantador Río Love, desde donde se pueden pasar tardes inolvidables por ciclovías o cafés de buena calidad en una calurosa tarde en la que hubo competencia de remo en los botes del Dragón.

Y entre todos esos parajes, entre todas esas ganas de quedarme para siempre, estaba Daft Punk. Simplemente no podía dejar de escucharlos.

Ahora, pasaron ocho años desde que aquel disco que nos volvía locos. Y Guy-Manuel de Homem-Christo y Thomas Bangalter se van como si nada en un 2021 (febrero 22) que me marca, que no parece no tendremos suerte.


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