La cultura de la trampa, un gen latino en el que brillan los hondureños

Hace unos días estaba haciendo fila en el Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS) para conseguir una cita con un médico internista, quien dicho sea de paso no se tomó la molestia ni de examinarme. Llegué a las 5:00 de la mañana y delante de mí ya había al menos unas 100 personas haciendo fila. Luego habrán llegado otras 200 sin exagerar.

Después de dos horas de filas, finalmente llegué a las sillas previas a hacer el trámite de la cita. Son 20 estaciones las que hay que hacer antes de llegar a las ventanillas, donde unas mujeres revisan los cupos que les quedan a cada médico para la atención del día.

Cuando ya solo me faltaban 10 personas para llegar a la ventanilla, una mujer llega y me pide permiso para pasar. Yo, con la educación como bandera de confiado (pendejo pues), le dije que pasara pensando que solamente iba a salir de la fila y que más, se quedó allí estacionada haciendo fuerza cuando comenzó el griterío de los que estaban atrás y que seguramente no agarrarían cupo.

Le pedí a la señora que se moviera, que regresara al fondo de la fila y no quiso. Dijo que ella tenía a alguien haciendo fila adelante desde temprano. Me quedé callado sin saber qué hacer, pero la presión social de la fila entonces se empezó a meter conmigo.

Ya un poco más serio le dije a la mujer que respetara el desvelo de los demás, las dos horas parados para llegar hasta donde estábamos y que muchos como yo no habíamos cogido cupo el día anterior y que estábamos allí porque no nos quedó otra alternativa. Esa vieja me pegó tronco de insultada y se fue echando rayos. Entonces me dije, Honduras y la cultura de trampa.

Un gen histórico

Bastan 5 minutos de respiración en Honduras para darse cuenta de que al parecer todos andan “sobre la jugada”. Las condiciones sociales de Honduras, los niveles de pobreza y las tragedias de un pueblo oprimido incluso las impulsan más.

Leí alguna vez artículos de opinión en periódicos de Honduras que muchas veces actuamos así, con esa alevosía y ventaja, gracias a gen español (diría latino) que dejó la conquista. Esto más, esta teoría se refuerza en un artículo similar a este escrito en un blog en el colombiano diario El Tiempo (donluiseduardo (8 de septiembre de 2013). La cultura de la trampa en el país de las abejas. Blog ¡Qué lejos estamos!: https://blogs.eltiempo.com/que-lejos-estamos/2013/09/08/la-cultura-de-la-trampa-en-el-pais-de-las-abejas/), donde expone que los “blancos” culpan a los indígenas colombianos de tener inscrita esa cultura tramposa.

Esa misma teoría se la he escuchado a muchos costarricenses que culpan a los nicaragüenses de todo lo malo que pasa en su país, o a los argentinos contra los bolivianos y paraguayos que viven en Argentina o los estadounidenses a los afroamericanos o los españoles a los ecuatorianos y africanos. Ese gen parece activarnos a todos un deseo de culpar, juzgar y hacer trampa mientras se pueda.

Por ejemplo, en 2018 en España, se hizo un eco mundial porque el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, fue acusado de copiar su tesis doctoral. Claramente el plagio es un delito.

Pero lo aterrizaré a un plano más local. Como jefe de redacción y editor de periodismo, claramente uno aprende a conocer los estilos de redacción de los periodistas y redactores y de inmediato sabe cuándo algo es plagiado y cuando no. Lo descarado es que muchos lo nieguen aun y cuando uso herramientas de comprobación para evidenciarlo y lo siguen negando.

Esa cultura de la trampa predomina en el periodismo también con lo que nosotros llamamos como “machaca”, que no es más que una vil extorción o un “incentivo” económico que reciben muchos periodistas para transmitir una información “por las buenas”. Obviamente muchos pagan también por las buenas o por las fuerzas, lo que menos quiere uno en la vida es escándalo.

Siempre hablando de copiar, qué me dicen de los famosos “chepes”, los papelitos o “acordeones” que se usan en los círculos académicos para tomar ventaja en los exámenes o evaluaciones. No quiero hablar de tareas en la actualidad, dado que la misma tecnología es usada para hacer trampa, copiando textos desde enciclopedias en línea y luego puestas en sustituidores de sinónimos y palabras.

Si desde chicos copiados y nos enorgullecemos de haberle hecho trampa al profesor, ¿qué más podemos hacer por el resto de nuestras vidas? Colarse en una fila será lo de menos.

Miremos el caso de las filas. Usted va con su carro muy pacientemente haciendo la fila del tráfico, con su tiempo medido y con su dinero quemándose en gasolina, para que de la nada, aparezca un carajo allí y se meta a la fuerza en la fila o al doblar el semáforo. Y este vivo, alardea de su trampa como héroe.

Y lo mismo en la fila del banco, la del hospital, la del estadio, la del distanciamiento físico para protegernos del covid, la de la entrega del regalo empresarial en la Navidad o muchas veces solo por el hecho ser mujer o la bonita de la oficina.

Por ejemplo, yo en la actualidad trabajo en Televicentro bajo el ala editorial con tunota.com y todo su ecosistema digital. Durante la Navidad 2019, la empresa decidió hacernos a todos los empleados de la compañía, un convivio y un regalo (una pierna de cerdo cruda para preparar en casa), por lo que había que hacer filas brutales para recibirla y para reclamar alguna comida que se estaba compartiendo entre todos.

De un lado, estábamos los mortales, cascándonos la enorme cola entre al menos 120 personas, pero por el otro, solo llegaron algunas personas mediáticas haciendo valer su derecho a no sé qué, y sin hacer fila acortaron sus esfuerzos entre los primeros lugares. Yo soy de esos tipos que solo observo y callo. Luego escribo. No dije nada, pero no puedo olvidar que incluso, la figura más importante de la televisión de Honduras y una de las fuerzas políticas influyentes de la nación como Salvador Nasralla, sí hizo la fila con nosotros, los mortales, los de abajo.

Trampa comercial

Y qué me dicen de los famosos descuentos de viernes de colores en noviembre, verano, Navidad o liquidaciones en los almacenes de Honduras. Te ponen un precio y te lo cambian por otro. Por ejemplo, quería comprar un artículo la otra vez en una poderosa tienda porque aseguraba que la tienda estaba en oferta y que el descuento total era de entre un 30 y 50 por ciento. Busqué una prenda y el artículo. La prenda por lo general cuenta L1,300.00 lempiras y con el descuento del 30 por ciento, se me iban a rebajar L390.00 lempiras. Al momento de llegar a la caja me dijeron que, si no tenía la membresía de la tienda, no me podían dar la rebaja. Que si estaba dispuesto a pagar L300.00, entonces podría llevarme la prenda por L910.00, pero que, si no, entonces por el precio original.

Luego, con el artículo, el precio original era de L1,000.00 lempiras. El día de la promoción estaba a L1,299.00 lempiras, por lo que al aplicarle el 30 por ciento de descuento, el precio final que debería de pagar era de L909.30 lempiras, es decir, el descuento real fue apenas de L90.70 lempiras.

Y esta historia de repite a cada momento en cualquier gran comercio de Honduras.

Trampa y las influencias

Y bueno, hablemos de uno de los más grandes problemas que tiene Honduras, el desempleo. En Honduras, para conseguir un trabajo en el Estado, por ejemplo, aun siendo partidario, se necesitan influencias políticas para ser contratado. No vamos a mentir, acá todo se consigue mediante “conectes” o el “palancazo” de un mejor posicionado dentro del gobierno o del partido. Son pocos los casos de contrataciones transparentes.

Mirá, por ejemplo, los concursos docentes, además de que hay denuncias de que muchas plazas magisteriales se heredan, otros las consiguen mediante la compra. ¿Compra?, sí, así es como funciona: un conocido mío que hizo el concurso, llegó a la etapa final del mismo y claramente le dijeron: “te vamos a dar la plaza a cambio de que los primeros seis meses de pagos, nos entregués el 50 por ciento del salario y los próximos seis meses, el 25 por ciento”. Esta persona aceptó y me dijo: “es mejor un año mal pagado que una vida desempleado”.

La situación anterior se agrava sobretodo en las plazas del área rural, pero tampoco son exclusivas en sector magisterial. La cultura de la trampa no tiene límites.

Trampa y corrupción

Y lo más evidente es quizá la corrupción. Honduras es uno de los países más corruptos de América Latina.

El Barómetro Global de la Corrupción de América Latina y el Caribe 2019 de TI, arrojando que el 91 por ciento de los entrevistados manifestó que la corrupción en el gobierno es un problema grave. Además, el 62 por ciento sostiene que el gobierno está actuando mal en la lucha contra la corrupción, y el 54 por ciento consideró que ese flagelo aumentó en el último año.

Honduras es tan tramposo que hasta usaron trampa para reelegir un presidente e igual de grave, con trampa destruyeron una misión de apoyo internacional que luchaba contra la corrupción misma (MACCIH). Honduras es tan tramposa que los delincuentes a gran escala salen libres de la cárcel después de cuatro o cinco días de show mediático.

Es tanta la trampa en Honduras, que hay sobrevaloraciones en las compras incluso en aquellas en las que se juegan las vidas de los ciudadanos en emergencias. ¡Oh Honduras, serán muchos tus muertos!, dice nuestro Himno Nacional. Duele.

La cultura de la trampa se extiende a licitaciones para proyectos y compras, e incluso, en una simple pastilla por muy de harina que sea. Checá esto. Fui al IHSS para conseguir la incapacidad por covid-19, en afiliaciones, inscripción y la clínica todo bien. La doctora me ordenó una receta con seis pastillas esomeprazol para recubrir el estómago por el medicamento.

Fui a la farmacia a reclamarlas. Entregué las recetas y me dieron dos sobres blancos con las medicinas. Yo me confié y las guardé en mi bolso. Dije gracias -no me contestó- y me fui a casa.

Al llegar abrí los sobres para tomar las pastillas y en lugar de seis, solo había cinco. Sí, pudo equivocarse y darme una menos, pero lo dudo mucho, ya que es una pastilla que cuesta unos L30.00 lempiras la unidad en farmacias comerciales. Ponele que haya hecho lo mismo con cada paciente a la que se le indica cada día. Allí hay una fuga de recursos que le hacen trampa al paciente, al afiliado, al hospital y al país mismo.

Ojalá llegue el día en el que dejemos de andar detrás de la “rebusca”, aunque sé que para muchos esta también sea su única fuente de ingresos, y que procuremos ir educando a nuestros hijos lejos de la cultura de la trampa.

Llevarse una salsa, un azúcar, unas servilletas, también hace que este país no avance, no contribuya a la trampa, porque con cada pequeña de estas acciones, solo condena un poco más a Honduras al atraso y el subdesarrollo. Porque trampa no es sinónimo de viveza y viveza tampoco de honestidad.


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