El fenómeno de la televisión y el periodismo popular en Honduras ¿Qué lo hace tan apetecible?

Advertencia! El siguiente escrito se realiza con fines meramente de análisis e interpretación histórica y periodística, no se refiere ni critica parrillas, programas o estilos, tampoco juzga o mide competencias entre medios

La televisión. Como usuario la disfruto poco y como periodista nunca trabajé en ella. Al ser un tipo asocial, disfruto más de la radio, leer o un par de audífonos con mi música. No comparto el escándalo, odio los fondos musicales de batalla que usan los canales de TV en las noticias y los consumo con un único fin, monitorear informativos para crear contenidos.

Estudié para producir televisión, pero no cuajo como consumidor. De esta parte me fijo más en los formatos que en la ropa del presentador, analizo más contenido y la forma en la que es desarrollado que en la nariz respingada de la presentadora. Presto más atención al léxico del emisor que en su marca y maquillaje.

En ese punto, existe en Honduras un fenómeno, el modelo popular del periodismo que se presenta en televisión (o radios, periódico o páginas web que son muy pocas) que al fin y al cabo solo es el reclamo de las audiencias.

Es por eso por lo que el canal HCH (Hable como Habla) tiene un rotundo éxito en lo que hace, pues se presta a los hábitos de sus audiencias. Y con ellos los otros canales que le siguen tras haber consolidado el formato.

Un inicio

A ver, recordaremos los inicios de este estilo popular en la televisión. Los años 80 fueron tan cuadrados como los cajones de las mismas pantallas. Los 90 se abrieron un poco más a los “en vivos” de noche, pero no en la mañana, porque esos espacios eran de la “santa radio”. Amén.

Las viejas televisiones que funcionaron en los años 80. Foto: Cool Bear Media

Entonces, con la llegada de Sotel (Canal 11, hoy R-Media), llegó un programa que lo cambió todo: “Sin Censura”. Este era presentado por el periodista Roberto Caballero, quien daba las noticias con ironía y sarcasmo, buscando darles a los contenidos un elemento identificador propio, pero sobretodo un lenguaje amparado en el “caliche” hondureño. Es decir, el presentador hablaba con las palabras cotidianas de los usuarios.

Un ejemplo del estilo de Caballero, pero no del programa Sin Censura.

Vamos a intentar hacer un ejercicio. Por ejemplo, el presentador de la noticia una noche en la que quizá tenía audiencia total, informaba sobre un ciudadano que regresaba a casa en la ciudad de San Pedro Sula pero que de pronto al abrir su casa, se llevó la sorpresa que había sido robado.

La noticia mostraba en primer plano al hombre viendo aquellas cuatro paredes llenas de nada. Y entonces, el relato periodístico se acompañaba de un gancho de cierre, una palabra alargada y cantada como en el vídeo anterior.

“Le robaron sus pertenencias y le heredaron un ‘salóóón de baile'”.

Años después el programa desapareció, pues al parecer sufrieron el robo de su equipo de trabajo, pues el programa era un esfuerzo independiente.

De aquí para adelante, quizá habrá que contarla diferente en la televisión nacional. Los programas juveniles cambiaron, por ejemplo, Gustavo Vallecillo en el mismo Canal 11 producía y hacía “JAM”, un programa de bromas, retos y segmentos juveniles fuera de los convencional y esto solo por citar un ejemplo.

Entonces también apareció el Canal 6 de San Pedro Sula, CBC. Fue en 1997 cuando se vio a nivel nacional (tras 12 años solo en SPS) y su estilo de la noticia roja al instante, al momento, lo caliente de la información se volvió sensación. Otro estilo en el que el “en vivo” desde cualquier lugar predominaba, generalmente para informar sobre sucesos.

El año 2001 entonces vio luz el hoy famoso HCH, el que nació como noticiero Hable como Habla en el Canal 11. Eduardo Maldonado se lanzaba a la aventura de la televisión de la mañana, desafiando a lo que estábamos acostumbrados, Diario Matutino de la radio HRN y Noticiero El Minuto de la Radio América; ambos, el “santo grial” de la información nacional.

Pero aquel HCH distó mucho de lo que es hoy, obviamente todo tiene evolución. Después de un tiempo estuvieron en Maya TV hasta luego volverse el canal popular que hoy son. Y si de posturas políticas hablamos, pues como todo medio estuvo pintado de rojo y azul. En su momento hasta era la voz de la “resistencia” y luego todo lo contrario.

La televisión sin duda que es el medio más consumido. Foto: Cool Bear Media

Pero después de toda esta charla de historia, ¿qué es lo que hace apetecible al formato del que se acompañan estos canales? Pues eso. Darle la voz al que no la tiene, en hacerle parte de la pantalla al que no puede ser.

Por eso, luego de HCH encontramos casos como Q’Hubo TV, antes llamado Sí! TV; canal que también cogió un estilo popular, sensacionalista, coloquial, calichero y lleno de estereotipos como el primero.

Pero ojo, estos modelos ya existen en el mundo. Buena parte de la prensa británica e italiana se guía en este estilo, en Argentina por ejemplo Crónica TV o periódicos como Trome en Perú, todos ellos encontraron su éxito en eso, en hablarle al usuario a nivel de usuario.

Míralo así, un alemán podrá tener empatía contigo, pero solo tendrá tu atención si encuentras una forma de entenderte con él, probablemente hablando en alemán. Es decir, lo mismo.

Consumo

El usuario de medios latinoamericano es muy dado a consumir basura. Perdón, pero es la verdad. Ojo, y de acá saco el contenido y que cada uno produzca, es su modelo de negocio y se respeta. Es cuestión de gustos y consumos, lo consumirá quien se sienta cómodo, identificado y a gusto con ello.

He trabajado más de una década en internet creando contenidos digitales que recorren toda América y España, lo catalogaré hasta allí, aunque las estadísticas aumentan otros alcances, pero en esos registros, casi siempre ha sido y será el junk traffic (tráfico basura) lo que la gente más consume.

Por ejemplo, en tunota.com (y antes en El Heraldo) con mis equipos hemos logrado maravillosos trabajos, piezas periodísticas de calidad, de servicio y utilidad, de información, de investigación, denuncia y provecho, pero nunca hemos podido contra los culos de las Kardashian, las caderas de Shakira, la cintura de Thalía o la infidelidad de mi vecina.

Bueno, no me juzgues, eso es lo que paga la planilla al final de cuentas, y no lo digo, busca en Google y lo verás en columnas de cualquier director de medios. Pero tranquilos, con el paso del tiempo aprendés a balancearlo, pero ese dato no es gratis. 😜

Platicaba un día con Iñaki Palacios, director asociado de Cases i Associats, y le exponía mi frustración de no poder bajar la viralidad de las primeras diez notas más leídas y el tipo me confirmó lo que me temía: “no te preocupes, en este medio (me dijo el nombre) es igual y en este otro de tal país es lo mismo”.

La lección es clara, en los tiempos donde hay democracia y opciones, la elección de consumo es exclusiva del usuario y si a este le place consumir modelos de negocios populares o más formales, es únicamente decisión de él.

Pero también debe quedar claro el elemento diferenciador en todo este juego: la credibilidad. No por ser el más popular eres el más creíble y no por ser más formal tampoco eres dueño de la verdad. La credibilidad está en el buen contenido y eso, a la hora de la información real, el usuario la tiene clara. Y si no, fidelízalo, al fin y al cabo, de eso se trata de negocio.

Escúchalo en audio…





Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s