10 cosas que solo te pasan cuando estás gordo

Has llegado a un punto en el que además de que todo te pesa literalmente, quizá este post sea para vos.

Mi esposa dice que soy valiente por escribir estas cosas, que ojalá no me esté equivocando al hacerlo. La verdad no busco likes en redes sociales, realmente busco que este relato te ayude a no sentirte solo si estás enfrentando una batalla contra el peso, que a la larga es una batalla contra uno mismo.

Cuando estás gordo, te suelen ocurrir una serie de factores que muchas veces identificarás si bien con miradas, ofrecimientos incómodos y también conversaciones en las que más de alguna vez tuviste que fingir ser una pared. ¿Pero es tu culpa? La respuesta en parte es sí.

Porque si no generás vos un patrón de cambio, pues te tocará soportarlo siempre.

Regresando a la intención inicial de este post, los gordos más de alguna vez hemos sufrido algún tipo de incomodidad en situaciones sociales producto de acciones que voluntaria o involuntariamente hace el resto de las personas que no sufren obesidad.

Aclaración: Este contenido no es para aquel que tiene una pequeña lonja o unas de libras de más por sobre su peso.

  1. Conversaciones de dietas

De pronto uno se encuentra en un lugar con los compañeros de trabajo y surge el comentario: “estoy muy gordo”, al tiempo que se toca una lonja. Y entonces el resto de personas a tu al rededor comienzan a hablar de dietas que cumplen de lunes a jueves, pero que el viernes las destruyen con 🍺 cerveza, fritangas, y aderezos al por mayor.

“Pero el lunes trabajo el doble en el ‘gim’, amix”. 😋.

Seguramente no es culpa del resto privarse hablar de dietas y rutinas de ejercicio, la imprudencia es decir que estás gordo, cuando realmente no estás gordo, frente a un obeso.

Yo tengo obesidad mórbida y estas pláticas las he escuchado casi a diario. Lo que regularmente ocurrió siempre fue hacerme la víctima y consolar esa “imprudencia” en premios absurdos como postres, carbohidratos vacíos, gaseosas y un montón de chatarra que lejos de generar recompensas, traerá más culpas.

2. No encontrar tallas

Un hombre como yo viste con lo que encuentra, no con lo que le gusta. Eso incluye ropa heredada de otro más gordo, o bien ropa usada, de esa que en Honduras llámanos “de bulto”, que no son más que los fardos de ropa donada que llega desde Estados Unidos y luego acá la comercializan. Bueno, habrá quien las compre en Estados Unidos para traer a América Latina también.

La culpa es mía y las lágrimas también son parte del paquete.

En este punto quiero que quede claro, que este contenido no busca generar lástima, sino más bien decirle a aquellos que viven lo mismo, que no están solos y que podemos lograr objetivos de pérdida de peso.

Pues regresando. Si entrás a una tienda de ropa, siempre te verán raro. Los más amables te sugerirán que su talla más grande (XL para flacos), quizá te pueda quedar. Otros serán más crueles en cada acción, mirada y hasta descaradas sonrisas, pero ánimos, que eso no te derrote, el peso es algo que se pierde, el don de ser humano, no.

Un día, fui con mi esposa a buscar un pantalón a una tienda de ropa “americana” en un sector de Tegucigalpa. La búsqueda del pantalón comenzó obviamente en el final del pasillo, donde estaban las tallas más grandes. Busqué casi por una hora para encontrar uno del tamaño 44 y que era el más grande entre todos. Me fui al vestidor a probarlo y al final, dicho ejercicio no se pudo completar. Me quedé destrozado y aterrado. Casi desnudo en la silla del vestidor no supe qué más hacer.

Al salir del vestidor, seguramente el empleado de la tienda esperaba y fue despiadado al decir: “ni esa enormidad le quedó”.

Pausa larga.

Aún me suena en la cabeza. Le respondí con amabilidad su imprudencia (asumo inconsciente) y le dije “no. Gracias por su paciencia”, pues había esperado no porque le regresara la prenda, sino más por mi crisis obesa.

Salí de la tienda literalmente llorando. Mi esposa me esperaba ya en el estacionamiento.

Y esta historia se repite a lo largo del tiempo, cada vez que necesito ropa, hay un tema delicado que tocar. Cada vez que paso por un centro comercial y miro una tienda con algo que me gustaría vestir, me golpea el subconsciente, pero a la vez me digo, señor, el único culpable aquí sos vos.

3. sudores y malos olores

Definitivamente, cuando tenés sobrepeso tu cuerpo funciona diferente. Se mueve diferente y reacciona diferente. A medida que pasa el día, es obvio que sentirás olores relacionados a la toxina que la grasa emana, se suma a ello el sudor se va pegando entre los rollitos, llantas o lonjas de tu cuerpo y con ello a tu ropa. Los pies te sudan más de lo habitual y con ello tus zapatos deberán de ser no cualquier zapato (revisalo más abajo).

Amigos, llevamos muchas de muchas en contra y es tiempo que hagamos algo por ello.

La ropa también juega un factor importante a la hora de los olores. Debido a la cantidad de sudores y toxinas que pueda recibir a lo largo del día, una ropa mal lavada o mal secada (húmeda) puede ser terriblemente odioso para uno mismo. De por sí, está comprobado que al menos 1 de cada 3 personas creen que las personas con sobrepeso desprenden malos olores, también vos mismos sentirás a lo largo de la jornada que la nariz recibirá aromas no deseados.

4. higiene corporal

Tener sobrepeso te limita a tener movimientos básicos en tu cuerpo como agacharte, sentarse en el suelo, levantarse de ciertos lugares, correr, caminar libremente y todo estos complicarán también tu higiene corporal a la hora del baño.

En su momento tocará hasta pedir ayuda a las personas más cercanas a tu intimidad para poder limpiar zonas que se tornarán difíciles de acceder con el simple estirar de tus brazos.

Aunque los dermatólogos no están de acuerdo, tratá de usar cepillos de mango largo para limpiar tu espalda, digamos que es casi una extensión de brazo.

5. Degustación en los supermercados

Por ser gordo creen que tenés ganas de comerte todo. Probablemente las impulsadoras de productos y bocadillos en los supermercados sentirán alegría al vernos. (Aunque conmigo se jodieron).

De hecho, hasta la banda mexicana Molotov tiene una canción (Cerdo) en la que hacen referencia a ello.

En el mercado incluso puede ser peor. Cada vez que voy con mi madre, los vendedores creen que me voy a comer el mercado entero o bien que traigo mucho dinero para comprarles todo, porque de alguna forma, en Honduras, al ser un país pobre y tercermundista, quizá muchas personas asocien la gordura con riqueza, algo que no siempre es cierto.

6. El gordo se come todo

Una de las bromas más comunes y quizá molestas que uno se puede encontrar es “ese gordo se come todo”. Pero bueno mis hermanos, si no ponemos de nuestra parte, tampoco esperemos que la gente se abstenga.

Es obvio también que si no comés o comés poco, la gente dirá: “gordo hipócrita, sé que te querías comer todo”.

7. miradas descalificadoras

Lo cierto es que nunca vas a quedar bien con nadie, pero la única forma de evitar esa desagradable mirada de desprecio, es haciendo un cambio nosotros mismos.

Suelo pasar por los pasillos, oficinas, lugares de tránsito común de varias empresas y he encontrado que te mire con horror, asco y sorpresa. Otros no pueden evitar quedarse viendo fijamente tu “panza”. Esto, suele ser incómodo.

También hay quiénes al verte caminar o llegar con tu voluminosidad, comiencen a generar pláticas de “cultura física”, “vegan” y otros más groseros se palparán el abdomen como para comprobar si ellos tampoco no llevan una “panza” igual.  

8. suplementos, pastillas y batidos

Debo confesar, estoy mamado (harto). Soy blanco directo de acoso de los que venden productos, batidos, pociones y fórmulas mágicas para adelgazar. “Quemadores de grasa, le van a hacer bien”. Yo en lo particular no creo en nada de esto.

Una vez mi esposa me compró unas pastillas para adelgazar que me estaban provocando es hígado graso. Otro amigo tomó “batidos para quemar grasa”, y en efecto, se puso muy delgado y se miraba bien, pero lo que quemó fue su fibra muscular y hoy está más flácido y gordo que yo.

Sí usted quiere usar productos adicionales para adelgazar, mejor vaya al nutricionista, que le mida la masa corporal, le indique los exámenes de tiroides y de rigor, para que a partir de allí te indique la forma de comer y combinar un medicamento en caso de ser necesario.

No comprés por comprar, no te dejés influenciar por vendedores. Andá al médico.

9. Los zapatos especiales

Cuando tenés sobrepeso no usés zapatos por estética sino por conveniencia. Date cuenta, tus pies no son solo esos sujetos que te transportan de un lado a otro. Realmente son esos buenos amigos que están soportando todo tu peso.

En ese sentido, los zapatos más que bonitos, deben ser aquellos que tengan los soportes adecuados para no cansar los pies y no inflamarlos.

Cuando comencé a correr, usé unos tenis baratos que no soportaban mi enorme peso. Mis pies comenzaron una revuelta que influenciaron a mis rodillas a darme un reclamo de no querer caminar más.

Luego de asesorarme, me fui a buscar un par de tenis adecuados y lo entendí perfectamente.

Y en este punto vas a decir: “los tenis de ese tipo son muy costosos”. Bueno, no lo voy a negar, acá en esta ruina economía hondureña están sobre los $ 250.00 nuevos. Sin embargo, también comprendí que no necesitaba la marca de moda ni el estilo más hermoso, sino la funcionalidad del tenis. Es así, que me recorrí toda la ciudad buscando zapatos de “segunda” (usados) de esos que vienen de Estados Unidos y me encontré con la mejor marca. Cada par me costó $ 25.00 y desde entonces soy feliz con ella.

No la voy a mencionar para que no sientan que es un post promocionado, pero son japoneses, una marca ideal para el atletismo.

10. El miedo de sentarse

Una vez me senté en un sillón de una clínica mientras esperaba a mi madre en su consulta. Cuando el médico me llamó, no me pude levantar de una vez del sillón. La mirada de los presentes fue hiriente, tanto las palabras como de dos imprudentes que estaban allí, quizá una pareja de esposos. La mujer le dijo al hombre: “ése está más gordo que vos”.

Sentarse puede tener varios riesgos a la vez. Accidentes con la ropa o con los tobillos.

Pero insisto, el cambio quien lo debe procurar es uno mismo.


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